jueves, 30 de abril de 2009

Los laosianos prefieren la carne de ardilla

La laosianos prefieren la carne de rana, ardilla o topo a la de otros animales más convencionales como el pollo y el cerdo, no a causa de la crisis económica sino porque prefieren su sabor.
Los platos de ardilla o topo son una "delicatessen" que no están al alcance de todos. La caza de estos roedores se limita a los meses secos, entre septiembre y mayo. Me contaba una de las vendedoras que las ardillas son difíciles de cazar, porque sólo utilizan tirachinas para no dañar sus diminutos cuerpos.
Por la mañana temprano, los agricultores de las aldeas cercanas instalan sus puestos en el suelo o sobre sencillas mesas de madera en las calles de Luang Pragang, en el norte de Laos. En el mercado, situado entre templos budistas y sencillos edificios de estilo colonial, se mezclan los acentos de una amplia diversidad de etnias procedentes de la sierras cercanas a Luang Prabang: hmong, khamu, lua o shan.
Me sorprendió ver con la naturalidad con que los locales manipulan las piezas de ardilla y topos expuestos. No podía despojarme del prejuicio que me impide ver con igual turbación, cuando se trocea una gallina o una pata de cerdo.
El precio de las ardillas y los topos oscila entre los 10.000 kip (1,16 dólares) y los 40.000 kip (4,65 dólares), una cantidad considerable teniendo en cuenta que el kilogramo de arroz, el alimento básico del país, cuesta 4.500 kip.
Resultaba muy agradable pasear por la mañana, el único momento en el que remitía el calor, entre los coloridos puestos. Este mismo lugar, cambia radicalmente durante la noche cuando es ocupado por puestos de ropa, cerámicas y todo tipo de recuerdos.
Me advertían de que el topo y la ardilla no se encuentran en los restaurantes. Es un bocado silvestre que sólo se vende en los mercados. La mejor forma de probarlo es acompañado con arroz aglutinado o pegajoso.


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viernes, 24 de abril de 2009

La modelo asesinada y los submarinos hispanofranceses

Una modelo e intérpretre asesinada por los escoltas del primer ministro de Malasia, un país del Sudeste Asiático. Su cuerpo fue descuartizado con explosivos. La bella modelo, originaria de Mongolia, había trabajado de intérprete en la venta de dos submarinos hispanofranceses al Gobierno malasio. No se trata del siniestro argumento de una novela policíaca, sino de un caso real de poder, ambición y sexo.
Un tribunal malasio condenó a principio de este mes a dos ex escoltas del actual primer ministro malasio, Najib Tun Razak, a la pena capital por el asesinato de la modelo mongol Altantuya Shaariibuu en octubre de 2006. El juez no ha podido determinar quién dio la orden para el asesinato de la joven, que entonces tenía 28 años. Durante la vista, un asesor de Najib, que entonces era viceprimer ministro, admitió que había mantenido una aventura con la modelo, que hablaba varios idiomas. Razak Baginda fue absuelto y se marchó precipitadamente a Londres a estudiar un máster.



Foto de la modelo mongol asesinada

El juicio no hizo más que arrojar más sombras sobre el caso de asesinato, que quedó sin resolver. Sobre todo dudas sobre la implicación del actual primer ministro en este caso o quién les ofreció entre 20.000 y 10.000 euros por matarla.
Altantuya fue contratada en la venta a Malasia de dos submarinos construidos conjuntamente por Francia y España. Según algunos medios malasios, la operación ascendió a 1.000 millones de euros, de los que 114 millones fueron desviados a una empresa de Razak Baginda en concepto de "comisiones".
Razak, que había regalado miles de dólares a la modelo mongol, decidió terminar con la relación. Pero Altantuya no se conformó con la ruptura y viajó a Kuala Lumpur para reclamar 500.000 dólares que, según ella, le habían prometido.
En una carta encontrada tras su muerte escribió:

"Ver a tu amante no es un crimen, ¿no? Sí, estaba conmocionada. Le escribí algunas cartas donde le decía que me mataría a mí misma, que quería ayuda. Sí, traté de chantajearle. Quizá fue mi culpa pero yo no podía entender que él ya no me amaba. El me prometió dinero. Me mintió para arruinar mi vida. Vine a Kuala Lumpur para verle cara a cara y preguntarle por qué actuaba así. Igual él es rico. Ellos dicen que Malasia es diferente de Mongolia y dicen que conocen a gente en la Policía que me pueden llevar a la cárcel. No puedo quejarme si la ley funciona así en Malasia. Pero es verdad que no le he hecho nada. Soy simplemente una chica normal que trata de encontrarse con su amante, quien me mintió y me prometió muchas cosas pero ahora quiere ponerme en la cárcel o matarme".

Según la declaración de los policías acusados de su asesinato, Altantuya fue secuestrada cuando se encontraba frente a la vivienda de Baginda, quien estaba casado y con hijos. En medio de un escándalo, le reclamaba una importante suma de dinero.
Sus asesinos afirmaron ante el tribunal que la intérprete, que estaba embarazada, suplicó por su vida y la de su bebé. Tras descerrajarle dos tiros, le colocaron explosivos en la ingle y volaron su cuerpo en un bosque cerca de Kuala Lumpur.
Mientras que el entorno del antiguo asesor del primer ministro describían a la modelo mogol como una ambiciosa y bella mujer sin escrúpulos, su familia afirma que era una joven trabajadora y con aspiraciones.
En varias ocasiones, parecía que el tribunal actuaba para ocultar verdades incómodas, más que para averiguar la verdad.
Una prima de la modelo aseguró haber visto una foto donde Altantuya aparecía junto al entonces viceprimer ministro y su asesor. Su testimonio fue desestimado y nunca volvió a aparecer en el juzgado. La mujer de Razak Baginda gritó una vez a las puertas de la corte que por qué era juzgado su marido si él no aspiraba a convertirse en jefe del Gobierno. Nunca se inició una pesquisa para averiguar qué quería decir.
Un detective privado contratado por Razak, P. Balasubramaniam, declaró que su cliente le había contado que Altantuya también había sido amante del entonces viceprimer ministro, que le gustaba el sexo anal y que era importante mantenerla bajo control. Al poco tiempo, el detective se retracto de su testimonio en una comisaria y desapareció junto con su familia.
El pago de "comisiones" -dígase sobornos- es una costumbre corriente en algunos países asiáticos. Del presente caso se deduce que Navantia, la empresa española que participó en la fabricación de los submarinos, pagó "comisiones". Lo que no sería un hecho extraordinario, si aquella operación no fuera el prólogo del asesinato de una joven de 28 años. De ella sólo quedaron algunos huesos, que fueron expuestos durante todo el juicio. Imagino que muchos respirarán con alivio ahora que el caso está cerrado y aquellos huesos serán devueltos a la familia de Altantuya.

Las contraindicaciones gástricas de la petulancia

Me cuenta un amigo que los periodistas anglosajones son así -agresivos, desafiantes, insolentes- para provocar al político de turno. Yo a eso lo llamo arrogancia y, en mi opinión, lo único que provoca son ganas de vomitar.
Ladeaba la cabeza ligeramente como un pavo encrespado mientras se paseaba por la sala de periodistas. Aquel reportero, de alguna revista importante de UK o USA., impostó su mejor acento anglosajón mientras hablaba por su móvil. Su mirada denotaba un deje de condescendiente con los plebeyos allí presentes. Sólo le faltaba una peluca y un poco de maquillaje para emular a los cortesanos de la corte de Luis XVI.
Su rostro era bien elocuente: "No me importan los líderes asiáticos que aquí haya. Yo soy el verdadero rey, lo que yo diga va a misa".
Salió el viceprimer ministro tailandés a explicar cómo los manifestantes habían podido irrumpir en la cumbre asiática, que tuvo que ser suspendida. Pues al otro plumilla engreído no se le ocurre otra cosa que pedirle la dimisión. No. No le preguntó si iba a dimitir: se lo ordenó.
Yo pensaba que los occidentales habíamos abandonado los aires de superioridad colonialistas, pero hay algunos que se resisten. ¡Mierda de neocolonialismo!

miércoles, 22 de abril de 2009

Sobre la globalización

La globalización ha creado maravillas muy superiores a las pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas; ha realizado campañas y expediciones que eclipsan a todos los antiguos éxodos de pueblos y cruzados.

Empujada por la necesidad de ampliar constantemente el mercado para sus productos, la globalización recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial, la globalización ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas o lo están siendo continuamente. Son reemplazadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión de vida o muerte para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas sino materias primas procedentes de las más lejanas regiones; industrias cuyos productos no sólo se consumen en el propio país sino en todas las zonas del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas que requieren, para su satisfacción, productos de los países más lejanos y de los climas más diversos.

Gracias al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la globalización arrastra a la civilización a todas las naciones, incluso a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesadas con que derroca todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo de producción burgués; las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra; crea un mundo a su imagen y semejanza.

Ha aglomerado la población, ha centralizado los medios de producción y ha concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia necesaria de todo ello ha sido la centralización política.

Basta mencionar las crisis comerciales que, con su reaparición periódica, plantean en forma cada vez más amenazadora la cuestión de la existencia misma de toda la sociedad global. Durante estas crisis comerciales, se destruyen periódicamente no sólo una gran parte de los productos ya elaborados sino también una parte de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante estas crisis, se extiende sobre la sociedad una epidemia que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda: la epidemia de la superproducción.

Nota del bloguero: Los párrafos anteriores corresponde al Manifiesto del Partido Comunista, redactado por Karl Marx y
Friedrich Engels en 1848. Sólo hay que sustituir la palabra "globalización" por "burquesía"

martes, 14 de abril de 2009

Entre barricadas y celebraciones de agua

Bangkok ha pasado en los últimos días por una proceso esquizofrénico. Por un lado los manifestantes antigubernamentales montaban barricadas, quemaban neumáticos y robaban autobuses; mientras los soldados los perseguían con gases lacrimógenos y disparando sus armas al aire. Por otro lado, tailandeses y turistas celebraban el año nuevo budista o fiesta del agua, ignorando el estado de excepción.
Las manifestaciones comenzaron hace casi tres semanas. Miles de personas, que pedían la dimisión del primer ministro, bloquearon la sede del Gobierno tailandés. El sábado pasado, los manifestantes, conocidos como los "camisetas rojas", reventaron la cumbre asiática que reunió en Tailandia a los mandatarios de China, Japón, Corea del Sur y Australia, entre otros.
Las protestas habían transcurrido hasta este momento en un tono festivo. Con puestos de comida y conciertos en los alrededores del palacio gubernamental. Pero muchos manifestantes pasaron de la táctica de las manoplas, que agitan para hacer ruido en sus mítines, a la de las barricadas y los neumáticos quemados.
El pasado fin de semana, los detractores del Gobierno comenzaron a cortar calles, lo que creó un caos de tráfico en diversos puntos de la ciudad. El lunes de madrugada el Ejército cargó contra los manifestantes cerca de la sede del Gobierno, dejando casi cien heridos. Otras dos personas murieron ayer, al parecer, por los disparos efectuados por manifestantes.
También indiferentes al estado de excepción, cientos de tailandeses y turistas celebraban el año nuevo budista, que ha sumido algunas calles en una batalla con cubos, mangueras y pistolas de juguete. En las zonas de bares, los clientes celebran la fiesta con alcohol y disparos de agua entre la multitud en algo así como una gran fiesta de camisetas mojadas.
Además, Bangkok se ha vuelto una ciudad mucho más transitable, ya que la festividad del agua, conocida como "Songkran", se convierte en un éxodo de muchos tailandeses a sus pueblos natales.
"Lo estoy pasando muy bien durante la fiesta del agua, recomiendo a todos los turistas que visiten Tailandia en estos días", comentó Marlon Pulido, un turista colombiano de 28 años. "La mayor parte de la ciudad está tranquila, no hemos tenido ningún problema; las protestas se encuentra lejos del centro y no nos afectan".

No lo vio así el Ministerio de Asuntos Exteriores español, que recomendó no viajar a Tailandia durante la crisis y que se quedasen en sus domicilios u hoteles quien se encontrara ya en el país asiático.
Sin embargo, no está claro cuando volverá a prender la mecha de los disturbios o las protestas. La sociedad tailandesa está profundamente dividida desde el golpe de Estado que defenestró al ex primer ministro Thaksin Shinawatra en septiembre de 2006.
Los opositores de Thaksin, conocidos como los "camisetas amarillas", se manifestaron el año pasado durante siete meses. Ocuparon durante tres meses la sede del Gobierno -a diferencia de los "rojos", que se han mantenido en las calles adyacente- y cerraron los dos aeropuertos de Bangkok durante una semana. De esto último se acuerdan los 300.000 pasajeros que se quedaron en tierra, decenas de ellos españoles. El Tribunal Constitucional disolvió al anterior Ejecutivo por fraude electoral y terminaron las protestas.
Ahora son los rojos los que han protestado contra el Gobierno. Piden elecciones anticipadas. En mi opinión, una demanda más sensata que el "Nuevo Orden" que pedían los amarillos. Éstos abogaban por un sistema político menos representativo y más controlado por los grupos profesionales, el Ejército y la monarquía. Según ellos, los campesinos no están suficientemente formados para ejercer plenamente el derecho de voto.



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viernes, 10 de abril de 2009

Manifa a lo tailandés

El pasado miércoles 100.000 personas se manifestaron en las calles de Bangkok para exigir la dimisión del Gobierno. Sin embargo, más que ceños fruncidos y rostros airados, las calles se llenaron de música, baile y suculenta gastronomía callejera.


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La petanca en Laos

Ni el fútbol ni el baloncesto ni el boxeo, el deporte que levanta pasiones entre los jóvenes y mayores de Laos es la petanca, un juego de raíces mediterráneas importado por los franceses durante la época colonial.
No hay aldea, por pequeña que sea, que no cuente con pequeñas pistas de arena donde los vecinos practican asiduamente petanca, también conocido como "bochas", durante las cálidas tardes de este país tropical bañado por el río Mekong.
"La petanca es uno de los deportes más populares en Laos. Las reglas son muy sencillas y los laosianos aprovechan para jugar con sus amigos, en las reuniones familiares y días festivos", me contó un miembro de la asociación de petanca de Luang Prabang, la ciudad religiosa y cultural por excelencia en el norte del país.
¿Qué llevaron los franceses a Laos? Infraestructuras, pocas. Cientos de fumaderos de opio. Eso sí. Hay que concederles, no obstante, que dejaron bellos edificios coloniales, la baguete y la petanca.

Personas de todas las edades y de ambos sexos están aficionadas a este deporte, el único en el que Laos conseguido destacar internacionalmente.
El jugador de petanca Soulasith Khamvongsa se convirtió en el mayor icono del deporte en Laos tras ganar la medalla de oro en los Juegos del Sudeste Asiático en 2001, la primera conseguida por un deportista laosiano. Cuatro año más tarde, ganó el Campeonato de Petanca de Asia.
Khamvongsa declaró que "la petanca ha sido popular en Laos desde hace mucho tiempo, cuando la trajeron los franceses, pero se disparó cuando ganamos la medalla de oro en los juegos. Desde entonces, he jugado muchos partidos de exhibición en todo el país".
Las autoridades laosianas confían en obtener más medallas en la 25 edición de los Juegos del Sudeste Asiático, que se celebrará el próximo diciembre en Vientiane.
Algunos países han criticado a Laos porque han decidido excluir deportes en los que prácticamente no tienen presencia, como el baloncesto, y han dejado a otros en los que, aunque pocas, cuentan con más oportunidades, como la petanca.
Además de los parques y colegios, las oficinas públicas y las empresas también suelen estar dotadas con pistas de bochas.
En la oficina de correos de Luang Prabang, un grupo de varios funcionarios se han reunido para jugar su partida vespertina, durante la que apuestan pequeñas cantidades de dinero y comparten varias botellas de cerveza nacional "Lao".
"La mayoría de los laosianos no hablamos francés, pero seguimos aficionados a la petanca", afirma uno de ellos.
El que hace de árbitro tira el boliche, pequeño y de plástico. A continuación, los dos equipos, formados cada uno por tres personas, comienzan a lanzar las bolas de metal.
El juego consiste en tratar de acercar el máximo posible las bolas de metal al boliche.
Los mejores tiros se producen cuando, al tiempo que acercan sus esferas metálicas, apartan a las de sus adversarios.
"Durante los juegos, nos relajarnos de los problemas diarios y bromeamos entre nosotros", señala otro de los jugadores.
La petanca nació a principios de siglo en la Provenza francesa, si bien sus orígenes se remontan hasta la civilización grecolatina, y su nombre proviene de la expresión "pès tancats", que significa "pies juntos" en el idioma galo.
Cientos de miles de personas son aficionadas a este juego en Francia, también extendido en España, Argentina, Uruguay y en las antiguas colonias francesas, como Laos o Vietnam.





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Poseídos en la ceremonia de los tatuajes

El templo Bang Phra de Bangkok celebra todos los años, en torno al mes de marzo, la ceremonia de los tatuajes. Los asistentes acuden para expresar su respeto por los monjes del templo budista. Según la tradición, los antiguos guerreros se tatuaban animales para protegerse de las armas enemigas. Durante el ritual, algunos entran en trance, poseídos por el espíritu animal.


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martes, 7 de abril de 2009

Escritor relata experiencias en prisión tailandesa

El escritor australiano Harry Nicolaides ha relatado en una revista de su país las experiencias que vivió durante los seis meses que pasó en una prisión de Tailandia acusado de haber insultado a la Corona.
"Durante semanas estuve postrado en mi cama, sufriendo delirios por la fiebre. Cuando pude levantarme, deambulaba con un zombi, empujado por una masa de internos impregnados de sudor y medio desnudos; la mayoría tailandeses, birmanos o camboyanos", describe Nicolaides, de 41 años.
Un extracto del artículo, en el que explica la agonía que sufrió desde su detención en el aeropuerto internacional de Bangkok hasta el calvario durante los meses de instrucción, está disponible en la versión digital de la revista "The Monthly" en Internet.
El título, "El rey y yo: La vida en una prisión de Bangkok", hace referencia al musical basado en las memorias de Anne Leonowens, la institutriz inglesa que educó a los hijos del monarca tailandés Mongkut a mediados del siglo XIX.
Las autoridades tailandesas prohibieron en 1999 la versión cinematográfica "Anna y el Rey", protagonizada por la actriz británica Jodie Foster y el chino Chow Yun-Fat.
El escritor, quien retornó a Australia en febrero tras ser indultado por el monarca tailandés, Bhumibol Adulyadej, describe en más de 5.000 palabras las difíciles condiciones de vida en la prisión así como los personajes que se encontró allí.
"En la oscura y húmeda celda me desnudé y coloqué las ropas en el suelo como cama y mis zapatos como almohada. Dormir resultó imposible: me encontraba sediento, hambriento, confuso y solo", escribe Nicolaides.
"Más de 500 prisioneros esperaban desordenados delante de grandes cubos de agua estancada que recogían con tazas robadas del hospital para lavarse", dice en otra parte del artículo.
Y continúa: "Aunque hambriento, resistí la tentación de probar las sopas de agua sucia, después de ver que hasta los gatos vomitaban al probarla. Después de comer un poco de arroz, bebía agua del grifo, aun sabiendo que me exponía a cualquier infección".
Sin embargo, Nicolaides no tuvo que comer durante mucho tiempo la comida de la prisión, ya que empezó a recibir comida de su novia y de las autoridades de la Embajada australiana en Bangkok.
Durante su internamiento, habló en varias ocasiones con el pedófilo más buscado por la Interpol, el canadiense Christopher Neil, relacionado con al menos 12 abusos sexuales en Camboya, Tailandia y Vietnam, así como con un abogado del ex primer ministro Thaksin Shinawatra detenido por sobornar a un tribunal.
Tras cinco meses detenido, Nicolaides fue hallado fue hallado culpable por un tribunal de Bangkok de haber injuriado a la monarquía por describir en una novela una serie de presuntas infidelidades cometidas por el príncipe Vajiralongkorn, heredero de la corona tailandesa.
El juez redujo su sentencia de seis a tres años después de que el acusado se declarara culpable del delito de lesa majestad, lo que hizo para facilitar el proceso de indulto.
La legislación tailandesa castiga con entre 3 y 15 años de prisión a "cualquier persona que difame, insulte o amenace al rey, la reina, el heredero al trono o al regente".
El escritor, que trabajó como profesor en la ciudad tailandesa de Chiang Rai entre 2003 y 2005, calificó en su día su novela como un análisis sobre la vida política y social de Tailandia, pero tuvo tan poco éxito que apenas se vendieron 30 ejemplares.
El rey tailandés, de 81 años, es reverenciado como un ser casi divino por los tailandeses, que lo consideran el auténtico líder de la nación a pesar de que en teoría no ejerce función ejecutiva alguna.

viernes, 3 de abril de 2009

El soldado

Los soldados bostezan de aburrimiento en la manifestación antigubernamental celebrada el centro de Bangkok. En los ratos de descanso, se les puede ver aletargados bajo la sombra de un árbol. "Me aburro", fue lo que me respondió uno cuando le pregunté qué sentía por las protestas multitudinarias.
El muchacho, de 22 años, ingresó en el Ejército hace dos para cumplir con el servicio militar. En Tailandia se realiza por sorteo. Si sacas la tarjeta roja, a los barracones; si sacas la negra, te libras. Ahora quiere hacer carrera en la fuerza naval.
Unos 6.000 soldados y policía acampan en el interior de la sede del Gobierno de Tailandia para evitar que lo invadan los manifestantes, apostados en las calles adyacentes. Los discursos políticos y la música se escucha a todas horas. Los que protestan son conocidos como los "camisetas rojas".
Solamente escudos. No veo armas, ni siquiera gases lacrimógenos o porras en el interior del recinto gubernamental. El soldado me mira con un interrogante cuando le pregunto: "¿Cómo vais a hacer frente a la muchedumbre si se torna violenta?".
Parece mentira que estos chicos imberbes puedan transformarse en máquinas de apalear e incluso matar a civiles, si así lo ordenan sus superiores. "Son como robots", me comenta uno que se define como la "Tercera Tailandia".
Las empresas japonesas Honda y Shimadzu presentaron hace poco un artilugio que permite al ser humano dictar órdenes a un robot con el pensamiento. ¿Llegarán a hacer lo mismo con los soldados o esperarán a sustituir a éstos por máquinas?
"A mí, y a otras millones de personas, sólo nos importan nuestras deudas con el banco", me insiste el de la tercera vía.
Tailandia está profundamente dividida entre una minoría educada, monárquica y conservadora, conocidos como los "camisetas amarillas", y otra minoría -más numerosa, en todo caso- procedente de las clases sociales más bajas y de las zonas rurales. Éstos son los "camisetas rojas". Gran parte de los rojos son seguidores del ex primer ministro Thaksin Shinawatra, que fue depuesto por los militares en 2006 cuando se encontraba fuera del país.
"Yo lo único que sé es que tanto el Rey y Thaksin son millonarios. Nosotros seguimos siendo pobres", subraya mi inesperado guía, que no se despega de mí..
Por suerte, la crispación política y social no ha llevado a los baños de sangre que padeció este país en 1973, 1976 y 1992. Los soldados pueden pasar de la afabilidad a la brutalidad marcial de forma fulminante.

Mientras en España celebrábamos los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en el año 92, Tailandia vivía una de las represiones más sangrientas de su historia moderna:



El monje

Los monjes budistas tienen prohibido influir o entrar en política. Sin embargo, he visto a unos cuantos en las manifestaciones que animan la capital de Bangkok desde el año pasado.
"No nos mezclamos en cuestiones de política. Pero ahora vemos que se está cometiendo una injusticia en Tailandia. Queremos un Gobierno democrático, no uno apoyado por el Ejército y personas cercanas a la monarquía como el actual", me espetó Tanawat Apipalo Bhicoa, de 44 años.
La mayoría de los religiosos provienen de las provincias del norte y noreste, lugar de origen también de la mayor parte de los manifestantes.
Tanawat, que procede de la cuidad norteña de Chiang Mai, comparte un par de esterillas con otros dos monjes mayores. Sus figuras naranjas destacan entre la multitud roja que rodea la sede del Gobierno en Bangkok.

Tanawat, a la izquierda, sentado junto con un veterano monje y un manifestante
El monje, que estudió Ciencias Políticas en la Universidad, defiende al ex primer ministro Thaksin Shinawatra. "Él creó riqueza y la distribuyó entre los más pobres, también les dio educación".
Thaksin, ahora en el exilio, también aprovechó el poder para alimentar su imperio empresarial y lanzó una campaña salvaje e indiscriminada contra la droga que se saldó con la muerte de miles de inocentes. Sobre eso no me comentó nada.
"Nación, Religión y Rey" es el lema alimentado durante decenios por las autoridades tailandesas. Ahora el ideal se tambalea debido a la fiebre social. A mí se suena al "Dios, Patria y Rey" de los carlistas españoles. Proclamas que huelen a armario viejo.
Los manifestantes de las "camisetas amarillas", grupo contrario a los "camisetas rojas", también contaban con sus club de monjes. ¡Con la iglesia (pagoda) hemos topado!, amigo Sancho.

jueves, 2 de abril de 2009

El extranjero

Me encontré con un "farang" vestido en las manifestaciones de los "camisetas rojas" en Bangkok. El tio llevaba hasta un medallón budista colgado del cuello. Su altura, metro noventa, y la palidez de su rostro lo hacían destacar como una jirafa albina en una reunión de ornitorrincos.
Los tailandeses llaman a los extranjeros "farang". Esta palabra proviene del término tailandés para francés: "farang se". Aunque también significa "guava", que es una fruta tropical. Tengo que precisar que "farang" se limita a los occidentales europeos, caucásicos o anglosajones.
El farang con el que me tropecé era un noruego de sesenta año con apariencia de setenta, al parecer, por una empedernida afición por el tabaco cuando era más joven. "Lo dejé cuando me dio un infarto. Me jubilaron y me vine a vivir a Tailandia".
Per Arne Granbo, casado con una tailandesa, no se ha perdido un día de manifestación desde que comenzó hace siete días. "El final llegará cuando el primer ministro se de cuenta de que tiene al país en contra y convoque elecciones".


El noruego Per Arne en las manifestaciones de los rojos en Bangkok

En mi opinión, los tailandeses se encuentran más cómodos protestando en las calles que votando o debatiendo en el Parlamento. ¡Cómo sonríen, bailan y cantan en las protestas! Por todas partes hay puestos vendiendo arroz con pollo, sopas de fideos o frutas, que condimentan con polvos agrio-picantes.
Mi amigo noruego parece convencido de la causa justa de los rojos, pero no de que pueda haber un entendimiento con sus rivales, los camisetas amarillos: "Los tailandeses no saben dialogar. Una vez, tuvimos que votar al gerente de un templo y formaron dos grupos antagónicos. Se chillaban unos a otros en lugar de someterlo a votación".