martes, 15 de diciembre de 2009

El aventurero sin parné

Las hazañas posmodernas corren el peligro de ser se sojuzgadas como caprichos vanos. Al barcelonés Guim Valls se le ocurrió hace más de un año, al término de los Juegos Olímpicos de Berlín, que quería dar la vuelta al mundo en bicicleta "eléctrica". Para él, no se trata de la enésima circunvalación del planeta sobre dos ruedas. "Lo que quiero es demostrar que la bicicleta eléctrica es una forma práctica de utilizar energía limpia". Pero Guim tiene un problema, cómo calificarlo, un tanto embarazoso. No encuentra patrocinadores y el dinero se acaba.





 Conocí a Guim en Bangkok, donde realizó una parada tras más de seis meses pedaleando a lo largo de China, Corea del Sur, Japón, Vietnam y Camboya. Su objetivo es recorrer parte de Asia, África, Europa y América de sur a norte antes de arribar a Londres en 2012, justo a tiempo para asistir a los Juegos Olímpicos. Espíritu olímpico y medio ambiente. La idea me parece encomiable, pero no consigue mecenas que la respalden. Al menos consiguió que el fabricante británico Wisper le cediera la bicicleta, que ronda los mil euros o más, según tengo entendido.
 

Cientos de miles de chinos son un ejemplo a seguir por usar la bicicleta eléctrica en las ciudades. Son tan populares, que los amigos chinos de Guim no se creían que en Europa y América (también Estados Unidos) no fuera el medio de transporte preferido. Además de no contaminar, ahorra dinero y uno hace ejercicio sin sudar. Sin embargo, el gigante asiático también es el país que más gases de efecto invernadero emite a la atmósfera. Cosas del tamaño, imagino.
 

Guim fuma. No parece el hábito más acorde con su odisea olímpica, pero tampoco parece afectar a su rendimiento. "Por poco no llego a la frontera de Camboya con Tailandia a tiempo por una diarrea. Tuve que pedalear duro por caminos llenos de polvo". El motor eléctrico de la bicicleta, que transmite una velocidad de 25 kilómetros por hora, también ayuda. Así subió el monte Fuji en Japón. También es verdad que la mayor parte del tiempo tiene que valerse exclusivamente de la fuerza de sus piernas.
 

A pesar de las dificultades, Guim es un tío tenaz: "Si se me acaba el dinero, pues realizaré alguna parada para trabajar". 

La anécdota que más me gustó le ocurrió en una aldea china. El barcelonés interpretó en chino y español la canción "Mao Mao", de Nino Ferrer. Los aldeanos escucharon atónitos la famosa pieza de los sesenta que versa sobre el Gran Timonel Mao Zedong.

Frivolidad y muerte en Filipinas

En la epicúrea isla de Boracay, livianas bellezas de 80 países presumían de palmito en la playa y sudaban la gota gorda ganar un frívolo concurso de belleza con ínfulas de causa ecologista, Miss Tierra. Corrían finales de noviembre, pero en estas latitudes no entienden de estaciones frías. Tres días más tarde, 57 personas morían a manos de unos asesinos a sueldo en la isla de Mindanao. Violaron y torturaron a todas las mujeres antes de perpetrar la matanza. Dos episodios que representan las dos caras de un mismo archipiélago: Filipinas, la antigua colonia española.

Decía un periodista de Associated Press que en Mindanao ocurren tales masacres porque hay mansiones defendidas por ejércitos privados. Quizá lo peor de Filipinas no sea la pobreza y la miseria de millones de personas, sino la sociedad feudal que sustenta este estado de cosas. El clan de los Ampatuan ejerce su poder omnímodo en la provincia de Maguindanao. El cabeza familiar, Andal Ampatuan es el gobernador y sus parientes, que han llegado a dar nombres a algunas ciudades, dirigen la mayoría de los ayuntamientos.
 

La masacre se desencadenó cuando otra familia se atrevió a desafiar el poder de los Amaptuan. Andal Ampatuan Jr., el primogénito, dirigió una columna de su ejército contra el convoy electoral donde viajaban familiares y periodistas del candidato opositor Esmael Mangudadatu.
 

El Gobierno filipino asegura que se hará justicia y ya ha detenido al presunto instigador, Andal el joven. Pero son las autoridades las que han armado durante décadas a los clanes de Mindanao para luchar contra las guerrillas independentistas en las regiones musulmanas de Mindanao. La familia Ampatuan hizo campaña a favor de la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, quien consiguió casi un 100 por 100 de los votos de forma manifiestamente fraudulenta.
 

Las desgracias de Mindanao no quedan ahí. Los grupos rebeldes, terroristas y criminales comunes cometen innumerables asesinatos, extorsiones y secuestros cada semana. Mientras, sectores del Ejército se enriquecen con venta ilícitas de armas y otros tejemanejes. Ni siquiera las cárceles son serias. Las escapadas masivas ocurren estacionalmente, casi con regularidad.
 

En 2008 viajé a la ciudad de Cotabato, enclavada dentro de Maguinadanao pero independiente de esta provincia. Mi estancia, bastante corta, se limitó a emborracharme con cerveza San Miguel (la filipina, no la española) con un gallego extremadamente leído y bebedor incansable, Antonio. Recuerdo que celebramos su cumpleaños y vino un coronel filipino escoltado por cerca de veinte soldados. Supongo que me contó cosas muy interesantes de Mindanao. Yo sólo recuerdo que dejé de interesarme cuando se resistía a contarme si estaba casado o tenía una novia en cada puerto. El resto de la noche la pasé cantando en karaoke con mis nuevos amigos filipinos. 

 




Es decir, que si no hubiera leído todo lo que escribí más arriba. Mi imagen de Mindanao sería muy diferente. La mujer de Antonio me comentó algo de unos gobernantes déspotas y atrabiliarios. Quienes vivían con los privilegios y la impunidad de señores feudales. Pero me sonaba demasiado lejano, en mi castillo de tercios de cerveza.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Viejos vicios y virtudes del periodismo

Dicen que la segunda profesión más antigua del mundo es el periodismo, o la comunicación de viajes o hechos que ocurren en la distancia, como queráis llamarlo. La primera, casi todo el mundo la conoce.
El periodista y escritor inglés James Fenton escribió en 1988 un libro ("In All Wrong Places") sobre sus experiencias en Vietnam, Camboya y Filipinas entre 1975 y 1986, años en los que presenció cambios radicales en los tres países. Me ha encantado los gajes del oficio periodístico que describe en distintas páginas. Parece que algunas costumbres se conservan casi intactas a lo largo de los años, incluso en estos años de revolución digital, y otras no tanto:

"Por trabajar como reportero, quiero decir algo que precede al periodismo -la actividad fundamental-. Aquellas "narrativas" de siglos previos, fundadas en publicaciones como panfletos o revistas, a menudo tenían su origen en actividades naturales y de carácter funcional. Un mercader inglés en Lisboa escribe a su madre y le cuenta sus experiencias de un terremoto. Un misionero informa a la oficina de Londres sobre la macabra muerte de dos compañeros. Un capitán de barco relata un viaje plagado de peligros (...)

"El periodismo se vuelve innatural cuando se desvía demasiado de estos orígenes. Es increíble qué cantidad de material se queda sin publicar porque los periodistas se niegan a escribir sobre algo porque eso implicaría que han estado presentes durante los hechos que describen. Y no sólo presentes, sino vivos, conscientes y con un punto de vista".

Fenton critica más adelante la manía de algunos medios de ocultar al periodista que observa los hechos en el artículo:

"Bajo las normas del periódico, no podía decir: Yo vi eso, o hice aquello (...)

"Pero estas normas fueron inventadas, décadas atrás, por viejos horribles obsesionados con la idea de preservar una escritura objetiva. Y estos horribles viejos delegaron su forma de escribir a jóvenes que nunca se hubieran convertido en horribles sin entrenamiento, y estos tipos siguen haciéndonos la vida tan horrible como pueden. De los autores de los libros de estilo de estos periódicos, uno podría decir, como Blake escribió sobre Reynolds: 'Este hombre fue contratado para deprimir el Arte'"

Unas cuantas páginas más adelante, Fenton habla sobre la costumbre de algunos editores en agregar adjetivos o incluso frases enteras para aumentar la intensidad del relato:

"Los periodistas trabajando sobre el terreno para esas revistas solían sentir vergüenza de encontrarse con sus colegas por los crasos errores insertados en sus historias. Para evitar tales bochornos, Newsweek deja perfectamente claro que el hombre sobre el terreno sólo ayuda a alguien en la oficina, cuyo nombre figura primero. Ocasionalmente, si un reportero realiza algo espectacular, le dejan contar los hechos tal como los vio. Pero esto es un gran honor".

Houellebecq y las putas

"Se ha vuelto muy raro encontrar mujeres que sientan placer y tengan ganas de darlo. Seducir a una mujer que uno no conoce y follar con ella se ha convertido, sobre todo, en una fuente de humillaciones y de problemas. Cuando uno considera las fastidiosas conversaciones que hay que soportar para llevarse a una tía a la cama, que en la mayoría de los casos resultará ser una amante decepcionante, que te joderá con sus problemas, que te hablará de los tíos con los que ha follado antes (dándote, de paso, la impresión de que tú no acabas de estar a la altura), y encima habrá que pasar con ella por cojones el resto de la noche, se entiende que los hombres quieran ahorrarse problemas a cambio de una pequeña suma. En cuanto tienen cierta edad y un poco de experiencia, prefieren evitar el amor; les parece más sencillo ir de putas".
  
("Plataforma", de Michel Houellebecq)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Meditación al teléfono

El teléfono es más que un medio de comunicación. Entre todos los servicios que uno puede imaginar -ordenar una pizza o comprar un billete de avión- también se involucra en otros asuntos más carnales como el sexo. El teléfono erótico lo llaman. Resulta gracioso que en inglés línea caliente (hot line) significa algo muy distinto que en español: teléfono de atención o ayuda. Otra modalidad es la meditación al teléfono. Y fue inventada hace diez años, nada menos.

El teléfono móvil se ha convertido en la plaga que yo me temía. Corría el año 2000. El banco me había regalado un móvil por abrir una cuenta bancaria. Se trataba de un viejo Motorola, casi tan grande como el zapateléfono de Mortadelo. Un verdadero ladrillo. Nunca taché este invento de demoníaco ni emprendí una resistencia numantina como hizo mi hermano. Pero tenía mis reservas, como si escondiera una intención maligna tras una faz inocua. Lo dejaba siempre en casa. Sólo lo sacaba cuando yo tenía que viajar. Incluso ahora a veces me apetece apagarlo por un ineluctable antojo de anonimato.

Quizá ha llegado la hora de la reconciliación. Recientemente he descubierto que el móvil también puede ser fuente de ternura, compasión, alegría y libertad. Así lo asegura el budista Thich Nhat Hanh.

"El pasado ya no es, el futuro no está aquí todavía; el único momento en el que la vida está al alcance de tu mano es el presente. Meditar es hacer presente tu mente y tu cuerpo, de forma que no pierdes tu cita con la vida".

¿Qué tiene que ver esto con el teléfono móvil? Pues Thich Nhat Hanh, oriundo de Vietnam, ha encontrado la clave perfecta para afrontar la ansiedad de una llamada. ¿Será una buena noticia?, ¿mala? ..."Uf, no me apetece responder"... Y pulsamos el botón verde. El budista vietnamita tiene la solución: meditación al teléfono.

"El sonido del teléfono es como la campana para la consciencia. Me calmo, sonrío a la campaña. Paramos, dejamos de pensar, la conversación, el trabajo. Empezamos a respirar. Al tercer ring puedes descolgar. Hay que hablar con dignidad, escuchar con atención y hablar con amor. Nos concentrarnos en lo que hacemos: hablar por teléfono".

lunes, 16 de noviembre de 2009

Australia pide perdón a medio millón de niños

Australia ha vuelto a pedir perdón por segunda vez en dos años. La primera vez fue hace un año, cuando se disculpó por los abusos cometidos por los colonos anglosajones contra los pueblos aborígenes. Esta vez se trata de uno de los secretos más oscuros de esta joven nación: el abuso y la explotación laboral de medio millón de niños australianos e ingleses entre 1920 y 1974 en orfanatos públicos.

"Os pido perdón por la tragedia absoluta que sufristeis al perder vuestra infancia. Miramos hacia atrás avergonzados de que pasarais frío, hambre y soledad y sin tener a nadie a quien pedir ayuda. Sufristeis abusos físicos, humillaciones crueles, violaciones sexuales", afirmó hoy el primer ministro australiano, Kevin Rudd, ante cientos de víctimas emocionadas en el Parlamento.

Muchos de estos menores eran enviados desde el Reino Unido para aliviar la pobreza allí y repoblar las ex colonias de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Eran separados de sus familias a la fuerza o bajo promesas de una vida mejor. Sin embargo, luego eran enviados a orfanatos, donde sufrían malos tratos e incluso abusos sexuales. A muchos les contaron que sus padres habían muerto. Una mentira oficial. Otros terminaron trabajando como mano de obra infantil y muy barata. Ahora estos niños sin infancia son personas de mediana edad o ancianos con una deuda pendiente con su propio pasado. Esta generación se conoce como la de los "niños olvidados" o los "australianos olvidados".

No recuerdo que ningún país haya pedido disculpas por las atrocidades cometidas en un pasado lejano o más cercano en el tiempo. La Iglesia Católica lo hizo por las persecuciones, torturas y asesinatos cometidos por la Santa Inquisición. Aunque yo todavía recuerdo cómo un sacerdote que fue profesor mío alegaba que el proceso contra Galileo no fue por motivos religiosos sino "técnicos".

En cualquier caso, reconforta que un Gobierno y un país tengan el coraje de pedir perdón, aunque sea de forma simbólica y sin compensación económica. El perdón no sólo ensalza al que comete una iniquidad, sino que también devuelve la dignidad a las víctimas. Los australianos han obrado así con un sólo objetivo: que no vuelva a repetirse los horrores.

Guerras y masacres en muchos países todos los continentes. La guerra civil española, por reciente, sigue levantando ampollas. Quizá el problema sea también de perspectiva, sobre todo entre los que no la vivieron. No se trata de echar las culpas al otro, sino de reconocer los errores del bando que uno defiende. El estado perfecto, si existe, es la tercera España, la que no se alinea con ninguno de los extremos.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Piercings desmesurados para honrar a los dioses

Hola. Bienvenidos a Phuket, la hedonista isla de Tailandia. ¿Quién no conoce sus paradisíacas playas? Sin embargo, muy pocos han visitado unos de sus rituales más originales y estremecedores: el festival vegetariano.

El festival comienza de madrugada en los templos chinos que abundan en la ciudad. Al son de los tambores, decenas de jóvenes se agujerean los rostros con todo tipo de objetos. Espadas, cadenas, sombrillas o largas escopetas. Estos espectaculares piercing sirven para rendir homenaje a alguno de los incontables dioses chinos, por los que son poseídos en este ritual.
Algunos llevan su fe hasta el extremo y se infligen cortes en la lengua con un machete o hacha.

Los orígenes del Festival Vegetariano de Phuket se remontan a 1825. Un grupo de teatro ambulante se encontraba en la isla para entretener a los compatriotas suyos que trabajaban en las minas. Un día, los cómicos cayeron enfermos y se recuperaron milagrosamente. Al ser preguntados por los locales, respondieron que habían seguido una dieta estrictamente vegetariana y se habían encomendado al emperador de los dioses.

Los chinos de la diáspora, los que huyeron de las hambrunas chinas sobre todo en el siglo XIX, han evolucionado de distinta forma a sus parientes de China. Tras las represiones ocurridas durante la revolución cultural, Mao Tse Tung se empeñó en borrar toda manifestación religiosa o intelectual no dedicada en cuerpo y alma al comunismo. Así, los turistas chinos quedan tan absortos ante la procesión de poseídos como cualquier otro extranjero. 

Las autoridades chinas tratan ahora de recuperar parte de su legado milenario, como la filosofía de Confucio. Aunque no creo que se decidan a llenar sus calles de jóvenes atravesados con espadas y mutilándose la lengua. O quizá sí, depende del beneficio económio. Já.

 Durante este festival religioso, los creyentes se alimentan estrictamente con una dieta vegetariana y observan diez normas especiales, que incluyen la abstención de sexo y de alcohol, así como vestir de blanco.

Los participantes aseguran que no sienten dolor. Según ellos, los dioses se introducen temporalmente en sus cuerpos para comunicarse con el resto de la comunidad. Tras exhibir semejante espectáculo, los participantes vuelven a ser las personas tranquilas y hospitalarias de siempre. Y por muy violento y sangriento que sean altunas partes del ritual, familias con niños de todas las edades son puntuales todos los años para ver la procesión.

Aunque la mayoría de los tailandeses de origen chino sólo hablan tailandés, la lengua de sus antepasados está presente en las pancartas y en las canciones emitidas desde altavoces a lo largo de la marcha.

Hogares y tiendas colocan altares delante de sus puertas para recibir la bendición de los dioses a través de los poseídos, ataviados con capas y un látigo que restallan de contra el suelo. Miles de petardos son explotados en torno a los tronos donde los voluntarios portan a sus dioses. Cuanto más ruido mejor, ya que espanta la mala suerte.

Al volver al templo, los dioses abandonan los cuerpos de los devotos penitentes, que quedan exhaustos. Su tarea está cumplida. Los dioses serán benévolos con los vecinos de Pukhet.

Abajo un vídeo con los momentos más estelares: 



domingo, 25 de octubre de 2009

Entre bambalinas

Me he reconciliado con los periodistas anglosajones. Una vez dije que me parecen vomitivos por su vanidad y arrogancia. No se trata de un giro copernicano. Siguen siendo engreídos y se pasean con aires de superioridad, pero también son amables cuando les hablas. No hay pizca de ironía en lo que digo. 

Lo más interesante de una cumbre asiática, como la que hoy se clausura en Hua Hin (Tailandia), son los corrillos de periodistas. La diversidad cultural es impresionante. En la sala de periodistas se mezclan el tailandés, el inglés, el japonés, el birmano, el inglés, el francés o el español. 


Según los más veteranos, antaño los reporteros tenían que salir e a la caza y captura de los jefes de Estado y de Gobierno en los pasillos. En el presente, las comparecencias y los comunicados de prensa están milimétricamente diseñados. Aunque siempre hay espacio para algunas preguntas al interlocutor.


Como en tantos otros ámbitos, las mujeres son cada vez más numerosas en el terreno periodístico. En un evento internacional, la ventaja es que la representación femenina cubre muchos países. Algunos periodistas tienen la libido tan disparada que es casi imposible hablar de otras cosas que no sean piernas, culos y tetas. Las reinas indiscutibles son las presentadoras de televisión, aunque también las que menos conversacion tienen.


Los periodistas chinos -incluidas ellas- son los que más llaman mi atención. Su número, actitud y medios técnicos demuestra que el crecimiento hegemónico de China es algo más que la exportación de muñecas y calculadoras. La mayoría de ellos tiene una mentalidad abierta y tolerante, nada que ver con el gigantismo burocrático del PC chino. Critican la masacre de Tiannanmen en 1989 y reconocen los logros económicos del Gobierno.


Quizá los hoteles sean el mejor indicador del estatus social de los periodistas. Los chinos, así como los representantes de los grandes medios norteamericanos o europeos, se alojan en los establecimientos de cuatro estrellas (a unos 90 dólares la habitación). Yo me encuentro en el Chan Chay, que ni siquiera tiene consideración de hotel sino de bungaló. La habitación cuesta poco más de 30 dólares. Comparto desayuno con reporteros filipinos y birmanos. Tengo que reconocer que su compañía es inmejorable.


Durante la cumbre también se han vivido momentos ciertamente escatológicos. El mismo día que una monja católica y un monje se manifestaron, una puerta de cristal se hizo añicos por ciencia infusa. Al menos, para los tailandeses, que son muy supersticiosos, fue un signo de mal agüero... Parece que no estaban el lo cierto. Los mandatarios de China, Japón, Australia, Birmania, Vietnam y compañía ya se encuentran de camino a sus respectivos países. Detrás dejan ampulosas promesas para lograr la prosperidad económica y el respeto de los derechos humanos en una Asia integrada.





Los mejores de la clase

Lo vi por primera vez en una película. En el patio de un colegio colgaba un retrato de grandes dimensiones de la mejor alumna más sobresaliente. Hasta que un día me topé con un cartel muy similar en un centro educativo cercano a Bangkok. Una adolescente posaba modosamente y sonreía con su rutilante ortodoncia. En la parte inferior de la fotografía se podía leer en tailandés que la estudiante había destacado en sus estudios y en sus habilidades artísticas. En otra imagen, una delicada joven posaba por motivos parecidos junto a dos rollizos funcionarios. En este caso, se trata de las mejores de la clase.





Paticcasamuppada

"Cuando nos aferramos a una sensación placentera se manifiesta mediante la lujuria; si nos aferramos a una sensación desagradable se manifiesta mediante la ira o el odio; cuando nos recreamos en una sensación que ni causa agrado ni desagrado se manifiesta en el desengaño".

Buddahdasa Bhikkhu sobre Paticcasamuuppada (origen dependiente, en lengua pali)

El paraguas, por Paulo Coelho

Como ordena la tradición, antes de entrar en la casa del maestro zen, el discípulo dejó junto a la puerta sus zapatos y su paraguas.
-He visto por la ventana que estabas llegando – comentó el maestro - ¿Has dejado los zapatos a la derecha o a la izquierda del paraguas?
-No tengo ni la menor idea. Pero, ¿qué importancia tiene? ¡Yo estaba pensando en el secreto del Zen!
-Si no le prestas atención a la vida, nunca aprenderás nada. Comunícate con la vida, dale a cada segundo la atención que merece; éste es el único secreto del Zen.



lunes, 19 de octubre de 2009

La triste historia de Prakanong (y su final crematístico)

Las historias más solemnes a veces terminan convirtiéndose en Tailandia en asuntos lúdico-festivos. Así ocurre a los ojos de un farang (extranjero) como yo. Los templos son lugares de culto sincrético, donde igual un monje de naranja medita ante una figura de Buda que un jugador empedernido evoca su suerte en un tronco espiritual.

El otro día fui a visitar un templo en pleno corazón de Bangkok atraído por la luctuosa historia de Mae Nak Prakanong. Esta doncella tailandesa vivió en el siglo XIX, bajo el reinado de Rama III, cuando la capital tailandesa era conocida como la "Venecia asiática", por la cantidad de canales que surcaban la ciudad. En el templo, me encontré una especie de rastrillo de juguetes y vestidos de mujer y una marabunta de vendedores de lotería. Mucho comerciante en un lugar tan santo.



                                         Altar en honor de Mae Nak Prakanong



Cuenta la leyenda, verídica para muchos tailandeses como el relato del Cid Campeador para los españoles, que Prakanon murió un día estando encinta. Volvió del mundo de los muertos para convivir con su marido, quien desconocía que su esposa había fallecido. El fantasma con apariencia humana coaccionó a los vecinos para que no revelaran la verdad a su marido. Algunos extraños sucesos despertaron sospechas en el hombre, que veía cómo la joven alargaba sus miembros de forma inaudita o sobrevolaba sobre el suelo.

Ante la alarma social que desató el espíritu de la miserable Prakanon, un monje santo del lugar decidió hacer algo. Consiguió que el fantasma volviera al mundo de los muertos, al invocar el nombre de Buda, el "Iluminado". Los aldeanos respiraron con alivio cuando se marchó, pero también sentían una gran congoja por la suerte de la bella joven. Esta pena se convirtió en cariño y, más adelante, en veneración. Fabricaron una imagen de Prakanong y la situaron en un altar para que todos pudieran acudir a rezar y pedir favores.

Muchas jóvenes solicitan a Prakanong un buen mozo para casarse. Pero la petición más popular es el número ganador de la lotería, que los creyentes sacan de una vasija de bolas o vislumbran en el tronco de un árbol.

"He venido para que toque la lotería. Así podré pagar los estudios de mi hijo", me dijo Duangporn Poochitpakorn, quien acudió al templo con una compañera de la oficina donde trabaja. "Si no consigo el número ganador pues lo intentaré otra vez. El secreto está en la fe. Cuanto más crees, más posibilidades tienes de éxito".

La  mayoría de la gente visita el templo los dos días previos al 3 y 16 de cada mes, que es cuando se sortea la lotería. Se acercan al lugar de noche, bajo la tenue luz de las escasas estrellas que permite la polución y el sonido de los insectos y las ranas del canal. Se respira una paz casi sepulcral y diáfana.


                   Unas jóvenes frotan el tronco para que les revele el próximo número ganador de lotería.


Los creyentes realizan un ritual solemne. Colocan incienso, velas y flores frente al altar de Prakanong; rezan de rodillas y realizan sus peticiones con devoción. Luego aplican papel de oro sobre la imagen de Prakanong, que sostiene a su bebé en brazos. De la pared cuelgan varios retratos, que muestran a una joven de mirada serena, piel nívea y cabellos oscuros.
Hay una gran diversidad de formas de obtener el número de la suerte. Unos frotan el tronco de un árbol, otros la superficie de una barca o sacan unas bolas de ping-pong numeradas de unas vasijas. A continuación, se dirigen a la puerta y adquieren sus boletos de lotería. Si resultan ganadores, volverán al templo y le comprarán un vestido al espíritu de Prakanong y juguetes para el niño. Eso sí, sólo si resultan ganadores.

Las atracciones esotéricas del templo no acaban ahí. También aloja el cadáver inmarchito de un bebé que fue desenterrado en la parte trasera de la vivienda de Prakanong (donde creen que vivió). Allí, los visitantes agitan unos cilindros hasta hacer caer tres varillas numeradas. En otro rincón del recinto, algunos espejos y figuras quebradas han sido depositadas por sus dueños. Da mala suerte conservarlos en casa. Otros prefieren que un vidente les lea el futuro en las cartas. Por cierto, en el templo también hay figuras de Buda..., y alguna otra del dios indio Ganesh.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El cuento de (algunas) ONG

No sé si debería decir esto: una gran parte de las ONG vive del cuento. Lo he corroborado en las reuniones de la ONU sobre cambio climatico en Bangkok. Algunos no hacen más que repetir consignas que han copiado del Wikipedia o, raramente, de algún libro que han leído. La sede de la ONU está llena de post-adolescentes medio bobos (bohemian-bourgeois) con camisetas "cool". ¿Es que esta gente no tiene que estudiar o trabajar? Y estoy hasta los cojones de que me interrumpan para presentarme a onegeros sólo porque hablan español.
 

-hola, te presento a José Eduardo, que trabaja en $%& y habla español. ¿En Argentina se habla español, verdad?

Y entonces el tal José Eduardo me cuenta que el cambio climático provocará calamidades en todo el mundo. Bravo. Eureka. El tío ha descubierto el agua.

No he cambiado mi discurso. Sigo pensando que las multinacionales de Wall Street, Madrid o Pekín se enriquecen a costa de trabajadores precarios como yo mismo. Y cuando revientan el sistema por su avaricia sin límites..., no hay problema. Ahí están los impuestos de todos para salvarles el culo. Esta segunda parte no la predijo Arturo Pérez-Reverte en su profético artículo "Los amos del mundo".


"Lo único importante es recortar costes, recuerda, Gaspar. Las retribuciones de los empleados es lo más caro", me dijo una vez delegado del Corte Inglés. Y cuando le pregunté por los millonarios bonos de los banqueros, respondió: "Ah, bueno, es una institución ya antigua, siempre se ha hecho así". 

La sociedad civil, muchas veces a través de las organizaciones no gubernamentales (ONG), debe alzar su voz para calentar las orejas a nuestros cínicos líderes políticos con éste y otros asuntos, como el cambio climático.


Sin renunciar a mi pensamiento contra el capitalismo salvaje, os cuento lo que me dijo un líder indígena. Le pregunté por qué algunos grupos se empeñan en ir contra todos y contra todo. Pragmatismo tan pobre me desconcierta.

-Mira, algunas ONG vienen a ayudar a los grupos indígenas. Pero cuando éstos ya pueden valerse por sí mismos les dicen: "muchas gracias por vuestra ayuda y habernos acompañado en el camino, ya sabemos avanzar nosotros solos". Entonces, las ONG aparecen con nuevas reivindicaciones en su nombre. Así pueden reclamar más subvenciones y seguir viviendo de ello. 


Y eso, son "no gubernamentales", pero reciben ayudas del Estado (cuyos intereses sirven en algunos casos).

lunes, 5 de octubre de 2009

Noruega a la cabeza del desarrollo humano, Níger a la cola

Noruega ha vuelto a encabezar la lista de países donde se vive mejor según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) publicado hoy por Naciones Unidas, que situó a Níger como el peor lugar del planeta. España se sitúa en un muy respetable puesto 15, aunque los datos y estadísticas del estudio se remontan a 2007, antes de la crisis financiera global y la explosión de la burbuja inmobiliaria.

China, en el puesto 92, Colombia (77), Francia (8), Perú (78) y Venezuela (58) son las naciones que más han ascendido en la tabla en comparación con el informe de 2006 debido a los aumentos de ingresos, la esperanza de vida o mejoras en la educación. Me temo que a muchos les escocerá que Hugo Chávez suba en la escala.

Los datos sobre calidad de vida, recogidos por Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hasta 2007, antes de la crisis financiera, sitúan a Australia e Islandia en el segundo y tercer puesto, mientras que Afganistán y Sierra Leona siguen a Níger por la cola.

"A pesar de haber conseguido mejoras significativas, los avances han sido dispares", sostuvo en un comunicado Jeni Klugman, directora del informe. "Muchos países sufrieron retrocesos en los últimos decenios como resultado de depresiones económicas, crisis relacionadas con conflictos y la epidemia de VIH/SIDA; todo ello incluso antes de que se hicieran sentir los efectos de la actual crisis financiera mundial", agregó.

El diagnóstico mundial del bienestar, que la ONU evalúa desde hace veinte años, estudia diferentes variables del desarrollo humano como tendencias demográficas, economía y desigualdad, así como educación y salud. La esperanza de vida alcanza en Níger los 50 años de media, 30 menos que los noruegos, que multiplican por 85 cada dólar ganado por los ciudadanos del país africano.

Respecto a 2006, España subió un puesto hasta el 15 entre los países más desarrollados, por debajo de países como Irlanda (5) o Estados Unidos (13) y por encima de Dinamarca (16), Bélgica (17) y el Reino Unidos (21). España, que en 1995 llegó a escalar al puesto noveno, cuenta con uno de los índices más altos en expectativa de vida, con 80,7 años de media, aún superado por los 81 años de Australia, los 81,4 de Suiza y los 82,4 de Japón.

Chile (44), Argentina (49), Uruguay (50) y Cuba (51) son los países latinoamericanos mejor situados en la tabla de IDH, con valores superiores a la media de América Latina y el Caribe, que puntúan un 0,821 sobre uno.
Por su parte, Chile se ubicó en el puesto 44, Venezuela en el 58 y Brasil el puesto 75, muy cerca de Colombia (77) Perú (78) y Ecuador (80), dentro de los países con un desarrollo alto.

Paraguay y Bolivia se posicionan en el 101 y 112 lugar del ránking, en el tramo de las naciones con un bienestar medio.
Lietchtenstein (19), el pequeño principado de 35.000 habitantes, 15 bancos y más de 100 compañías financieras, disfruta de la renta per cápita más alta del mundo con 85.383 dólares; mientras que el salario medio más bajo se encuentra en la República Democrática del Congo con 298 dólares anuales.

Japón (10), Singapur (23) y Hong Kong (24) son los lugares asiáticos mejor situados en la tabla del IDH, seguidos de cerca por Corea del Sur (26), Israel (27) y el sultanato de Brunei (30).
Dentro del Sudeste Asiático, Malasia se coloca en el lugar 66, Tailandia en el 87 y Vietnam en el 116.

El informe de la ONU no incluye a países como Somalia, Zimbabue, Irak, Corea del Norte, Mónaco, San Marino, el Vaticano, a varias islas del Pacífico y Taiwán, que no es miembro de la organización de naciones.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La venganza del monje británico

En un templo tailandés, me encontré con un monje budista de origen británico. Le pregunté por su antigua religión cristiana y me respondió:

"Esta teoría no está muy aceptada entre los escolares budistas, pero yo pienso que el Dios cristiano puede creer que él creó el Universo, pero simplemente está equivocado. Hay muchos universos, en los que existen hombres y dioses. La idea de alma es ingenua y absurda. Los seres humanos y los animales poseemos un espíritu que es autónomo, pero que tras la muerte se puede reencarnar en otro ser distinto o en varios. Buda nos legó una verdad universal tanto para las personas como para los dioses. Los tres pilares básicos consisten en: Evitar el mal, hacer el bien y purificarse uno mismo mediante la meditación. Nadie puede enseñarte esto. Tienes que experimentarlo tú mismo".

Quizá se trate de una venganza contra todos los occidentales que alguna vez han ridiculizado a las otras religiones asiáticas (la cristiana también lo es).

El cementerio de esculturas

-¿Qué ves aquí? -le pregunté a mi amigo.
-Una figurita de plástico que se ilumina -me contestó.
-¡Sacrilegio!. Esta figura representa a un monje budista muy venerado en Tailandia. Varias personas me aseguraron que tenía mucha suerte por tener una pieza tan rara. Parece increíble, pero es cierto. Tómala. Aquí está el interruptor. Funciona a pilas -le pasé la figura y mi amigo la dejó caer por accidente, cercenándole la cabeza.

No me gustan las disculpas excesivas. El bochorno de mi amigo y su novia era tal que terminaron contagiándome su sonrisa nerviosa. Y al final, terminé sintiéndome culpable por no haber tratado con respeto a la imagen del monje, dando lugar a esta situación embarazosa. Tanto revuelo por una muñeco de plástico de cinco centímetros como un juguete me ofendió un poco. Sonaba a cachondeo. Incómodo por la situación, intenté explicarles que, aunque los tailandeses veneran las figuras de budas y monjes como amuletos mágico-religiosos, para mí no dejan de ser representaciones inertes. Pronto nos olvidamos del asunto. No recuerdo la conversación que siguió al incidente. La turbación también desapareció repentinamente y mis amigos se fueron en paz.

La figur
a siguió presidiendo el rincón mágico-budista que tengo en una balda de la estantería. Es un altar extraño, con cierto aire a puesto una feria: con dos sonrientes caretas de fantasma, un paño con un encantamiento inscrito, agua bendita y algunos pequeños objetos de utilidad desconocida.


Mi monje descabezado

Aunque me sentían un poco culpable, no me disgustaba la figura del monje descabezada. Le daba un aire cl
ásico, como las esculturas griegas o romanas. Sin embargo, una amiga tailandesa no hacía más que advertirme sobre el mal augurio que podía sobrevenirme por tener una escultura rota. Al final accedí a llevar mi monje al templo Pak Nam, muy cerca de Bangkok.

En el recinto religioso, familias de tailandeses se postraban delante de las figuras doradas de buda, un tant
o ebrios por el intenso olor del incienso y los cirios. Me sorprende el valor que le conceden a las figuras, amuletos y cualquier intermediario con el más allá. Me pregunto si, con tantos árboles (objetos mágicos), no perderán de vista al bosque (Buda o el Nirvana o lo que vean tras la muerte).


Familia recibe la bendición de un monje budista

Mi
amiga trajo dos diosas chinas de porcelana a las que se le habían quebrado las alas. Una monja, rapada y vestida de blanco, nos bendijo al tiempo que nosotros recitábamos de rodillas unas oraciones en pali. Tras despedirnos de nuestros maltrechos muñecos, se los entregamos a la monja. Le pregunté qué iba a ser de mi pequeña efigie, ¿la tirarían a la basura o la enterrarían?. "Guardamos las figuras en un almacén fuera de Bangkok", me dijo. ¡Mariela!, me quedé sin ver el cementerio de esculturas.

Como digo, no creo en las absurdas historias supersticiosas de los tailandeses sobre fantasmas. Pero me intriga un poco la cabeza de mi monje. No la encuentro y me estremece un tanto la idea de que esté acechando en cualquier oscuro rincón de mi salón.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Beso de elefante

Menores violadas por "fantasmas" en Malasia

Notica siniestramente cómica recogida por la Agencia EFE:

Las 300 familias de un pueblo del norte de Malasia están desconcertadas y atemorizadas después de que varias menores acusaran a un "orang minyak", uno de los fantasmas de la cultura malaya y cuya traducción literal es hombre aceitoso, de haberlas violado o manoseado, informó hoy la prensa nacional.

Fatihman, de 42, relató que el lunes pasado se despertó alrededor de las 5 de la mañana y halló a sus dos hijas llorando porque decían que una sombra oscura estaba abusando de ellas, según el diario "Kosmo".

La hija mayor, de 15 años, aseguró a la madre que había sido violada por un "orang minyak".

En otra casa de la misma población de Sungai Petani, en el estado de Kedah, Nurshahirah, de 17 años, también se despertó el lunes, sobre las 5.40, con una sensación de calor en su oreja izquierda.

"Abrí los ojos y descubrí una aparición con pelo rizado y un gran bigote de pie cerca de mi cama. Lo peor fue cuando el fantasma se quitó el kain pelika (falda tradicional malaya de los hombres) y empezó a acariciarse", dijo la joven.

No es la primera vez que supuestos espíritus pederastas abusan de menores en Malasia.

Hace dos años, un joven desnudo y embadurnado completamente con aceite fue detenido cuando se encontraba a puntos de cometer una violación.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Birmania: voluntarios y misioneros en primera línea de guerra


Recién cumplidos los 19 años, M. decidió hacer un voluntariado, pero no uno cualquiera. Su trabajo consiste en asistir a las víctimas de la olvidada guerra de Birmania; no las que se encuentran en lejanos campos de refugiados sino en primera línea de fuego. Acosados por enfermedades tropicales, minas antipersona y soldados birmanos, los voluntarios de Free Burma Rangers (FBR) llevan medicinas y religión a las minorías étnicas de Birmania, también conocida como Myanmar.


"Fue mi padre quien me habló de este voluntariado. No sabía qué estudiar, así que me vine para realizar un trabajo que requiere coraje, conocimiento y amor. Llevamos medicinas y esperanza a las minorías étnicas que huyen de los ataques del Ejército Birmano", me contó M., que pronto cumplirá su décimo mes como voluntaria. M. es rubia, esbelta y de cristalinos ojos azules. La primera vez que la vi, la carne tersa y nívea de sus largas piernas captaron mi atención, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Su belleza no quita un ápice a su fuerza física. Estos voluntarios entrenan duramente. En Birmania, tienen que atravesar intrincadas junglas y ríos por abruptas montañas. Caminan largas horas cargados con veinte kilos de medicinas, comida y otros materiales a la espalda para los desplazados.

Foto cedida por FBR

Madre e hijos se resguardan de la lluvia mientras se ocultan en la jungla del Ejército birmano

Casi la totalidad de los voluntarios de FBR pertenecen a algunos de los grupos étnicos arraigadas en la periferia de Birmania: shan, karenni, karen, arakan, lahu, pa'o etc. Durante los años 80 y 90, la junta militar firmó un acuerdo de alto el fuego con la mayoría. No quiere decir que no se produzcan escaramuzas eventuales. La guerrilla wa, y sectores de otras etnias, aprovecharon este cese de hostilidades para financiarse con el tráfico de opio y metaanfetaminas. Esto no ocurre tanto entre los karen, quienes llevan alzados en armas contra el Ejército desde 1948, más de una década antes de que el general Ne Win pronunciase un golpe de Estado contra la democracia birmana.


Alguno podría objetar que en los militares birmanos libran una guerra, no menos injusta o violenta que otra cualquiera. El problema es que la mayoría de las víctimas no se producen durante los combates. Los soldados birmanos suelen quemar las cosechas y las casas y, antes de irse, dejan el poblado plagado de minas antipersona. La violación sistemática es utilizada para aterrorizar a los locales. Muchos hombres son forzados a trabajar como porteadores y, ocasionalmente, se convierten en detectores humanos de minas.

Foto cedida por FBR

Sonrisa: ¿bendita ignorancia o esperanza?

Las misiones de FBR en el interior de la selva birmana duran entre uno y dos meses, en los que curan a las víctimas de disparos o enfermedades. Una de las labores más duras es amputar los miembros de quienes han pisado sobre una mina antipersona, una traicionera bomba que hiere o mata indiscriminadamente a 1.500 personas todos los años en Birmania. Pero la labor de estos voluntarios no ayudar desde el exterior, sino organizar grupos locales de médicos, profesores y misioneros. La religión -en este caso la cristiana protestante- es un factor relevante, si bien su ayuda va dirigida a cualquier persona, "sea cual sea su confesión".


La mayoría de los birmanos, incluidas las minorías étnicas, son budistas o animistas, pero los misioneros británicos -antiguos colonizadores- y norteamericanos consiguieron convertir en el siglo veinte a cientos de personas, sobre todo entre las etnias karen y shan. Recuerdo la descripción que hacía Mario Vargas Llosa de un misionero audaz que se aventuró en lejanas y salvajes tierras para ganar almas cristianas: "parecía uno de esos personajes faulkerianos de una sola idea, testarudez intrépida y alarmante heroísmo". Puedo afirmar que los voluntarios a los que yo conocí no me parecieron seres desaprensivos y obsesionados con la fe. En todo caso, lo justo para ayudar a víctimas olvidadas durante décadas. Su celo cristiano era un tanto abrumador, pero más adaptado al siglo XXI. Es decir, con mayor respeto por las culturas locales.

Foto cedida por FBR

Madre karen huye de los soldados birmanos con sus hijos a cuestas

El líder de FBR me contó que, en ocasiones, ha viajado con su familia a la selva birmana. "Si ellos viven allí con sus familias, yo también". Aunque tienen que vivir en improvisados campamentos, sorprende escuchar el grado de normalidad de los desplazados internos. "Tienen sus escuelas, iglesias, construyen casas, improvisan cosechas en la selva y hasta organizan fiestas con música". Incluso en un ambiente tan hostil, la sonrisa es casi imborrable en los rostros de las víctimas de la guerra birmana. FBR tiene instrucciones de evitar el Ejército, pero no de huir si las víctimas no pueden escapar con ellos.

La guerra de Birmania ha sido documentada en libros y artículos periodísticos en infinidad de ocasiones. Los periodistas en contacto con Birmania están hartos de escuchar historias de batallas. Pero la ignorancia es casi absoluta en el resto del mundo. Quizá algunos conozcan a la Nobel de la Paz y líder democrática, la birmana Aung San Suu Kyi. A ella se han referido primeros ministros y presidentes, pero las minorías étnicas no aparecen en los periódicos ni por un error informático.


sábado, 12 de septiembre de 2009

Guerras privadas

En febrero de 2007, la Associated Press cifró el número de contratistas en Irak en 120.000, casi el equivalente al número de soldados estadounidenses. En escala, este tipo de guerra privatizada ya supera a Naciones Unidas. El presupuesto de la ONU para mantener la paz en 2006-2007 fue de 5.250 millones de dólares, menos de un cuarto de los 20.000 millones que se embolsó Halliburton en contratos en Irak. Según las últimas estimaciones, sólo la industria mercenaria se lleva 4.000 millones de dólares.

Así, mientras la reconstrucción de Irak fue todo un fracaso para los iraquíes y los contribuyentes norteamericanos, no podemos decir lo mismo sobre el complejo del capitalismo del desastre. La guerra en Irak, que se hizo posible a raíz de los ataques del 11 de septiembre, representa nada menos que el nacimiento violento de una nueva economía. Aquí radicaba la genialidad del plan de "transformación" de (Donald) Rumsfeld: dado que todos los aspectos de destrucción y reconstrucción se han subcontratado y privatizado, se produce un auge económico cuando las bombas empiezan a caer, cuando ya no caen y cuando vuelven a caer de nuevo (un lucrativo círculo cerrado de destrucción y reconstrucción, de arrasar y volver a edificar). Para las empresas avispadas y con visión de futuro, como Halliburton y el Carlyle Group, los destructores y los reconstructores son visiones distintas de las mismas corporaciones.

("La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre", Naomi Klein)

sábado, 29 de agosto de 2009

Chocolate, lagartos y pesadillas

La otra noche sufrí una pesadilla horrible. Me arrancaba un extraño y largo pelo de la oreja. Pesaba y lo tiré al suelo. Tras descansar un rato en un sofá cama azul, el mismo que había en mi casa hace muchos años, me fijé en el vello. Para mi horror, en la raíz del filamento colgaba una especie de placenta con un ratón en su interior que respiraba pausadamente. Aguantando las náuseas, salí corriendo para avisar a mis padres y hermanos. Nos dispusimos en torno al infame pelo. Pero ahora el ratón se había convertido en un gusano amarillo, con duras escamas y un sinfín de patas. Oscureció de pronto. Al nacer la luz de nuevo, me vi rodeado de seis o siete extraños idénticos. Sus mentones eran prominentes y las narices, grandes y ligeramente aguileñas. Unos ojillos penetrantes e inquisidores se parapetaban tras unas gafas redondas. Sus cabezas se estrechaban en el cráneo; parecía que sus cerebelos padecían de oligofrenia. Definitivamente, eran todo mentones. A su lado, Carlos II "el Hechizado" tenía la boca chica. Sus palabras sonaban amables, pero yo discernía una violenta animadversión bajo sus sonrisas inquebrantables. Afirmaban de forma vehemente y categórica, como si tuvieran que convencerme urgentemente de algo. Al despertarme pensé en dos cosas, chocolate y lagartos.

La noche anterior me zampé seis galletas de chocolate. La dura digestión debió jugarme una pala pasada. No podían ser los lagartos. Mi amiga Jenny me advirtió sobre los varanos acuáticos, lagartos de dos metros de largo que campan a sus anchas en el parque Lumpini de Bangkok. Muchos tailandeses los eluden porque piensan que son de mal agüero. Los llaman "jía", que también es un insulto muy grosero, del tipo "me cago en tu madre y todos tus muertos". La forma perfecta para empezar una pelea. El día anterior a la pesadilla, los estuve persiguiendo con mi cámara por todo el parque. Si su aura es negativa, yo ingerí más de la que pude asimilar.

No obstante, me apena culpar a los pobres reptiles por mis pesadillas. Como me dijo una señora retirada, algunos tailandeses prefieren pensar que los varanos también atraen la buena fortuna. Los tailandeses son muy supersticiosos, pero no se conforman con los malos vaticinios. En un giro pragmático, se dicen: "Si podemos convertirlos en animales propicios, ¿por qué seguir con el rollo de la mala suerte?".

Mientras, los varanos deambulan con paso tranquilo por el parque. Mueven graciosamente sus largas colas y palpan el aire con sus lenguas retráctiles. Se les puede ver entre los transeúntes, subidos en árboles o nadando en el lago artificial. Algunos turistas, al confundirlos con su pariente el dragón de Komodo, piensan que son agresivos. En realidad, son unos tipos tranquilos y algo fisgones. ¡El chocolate tuvo la culpa de todo!

A continuación, unos lagartos al son del tango "Habanera".


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Sociología en un taxi

Al llegar al aeropuerto de Manila, lo más difícil es encontrar un taxi que no te cobre el doble o cinco veces por el trayecto hasta el centro de la ciudad.

-¿Usas taxímetro?- le pregunté al mozo junto a un destartalado taxi de color blanco.
-Sí- respondió de forma categórica.

A los pocos minutos, me di cuenta de que el no había ningún aparato en el salpicadero para medir la tarifa de la carrera. Se lo comenté al conductor. Abrió la guantera y me pasó una lista. Aquí está el taxímetro, espetó. Cojones. En lugar de unos 150 pesos, la carrera iba a costarme 500. Me bajé del vehículo en mitad de la autovía.

Me monté en otro taxi un tanto enfurruñado. Le comenté que ya me había bajado de uno y que me bajaría del suyo si no utilizaba el taxímetro. Respondió con una carcajada risueña. De carácter afable, el conductor y yo no paramos de conversar.

-Tengo cinco hijos, desde los doce hasta los dos meses- me dijo en un momento de la charla.
-¿Cinco? ¿Y ganas entre 500 y 800 pesos diarios? ¿Sabes que en Europa la gente no quiere tener hijos y gana muchas veces tu sueldo?- inquirí para saber su reacción
-Sí, pero el dinero se va algún día, mis hijos estarán ahí para siempre. Recién casado, pensé en marcharme a trabajar al extranjero. Pero mi esposa me retuvo, dijo que no quería criar sola a nuestros hijos. Me gustaría cambiar de trabajo y ganar más, pero lo que a mi me gusta es conducir.

Su esposa es originaria de Bicol, en el sur de la isla de Luzón, mientras que él procede de Laoag, en la punta norte del archipiélago filipino. Se conocieron en Manila. Como muchos otros vinieron a prosperar, pero el salario de él apenas les llega para sobrevivir. Mi taxista -me dijo que se llamaba Daniel Jr o algo así- no hizo como los once millones de filipinos que han buscado mejor fortuna en China, Japón o los países árabes.

La profesión de taxista tiene un halo romántico en Occidente debido a películas como "Taxi Driver" (con Robert de Niro) o "Conspiración" (con Mel Gibson y Julia Roberts), pero en el sureste de Asia es un trabajo bastante chabacano. En Malasia, Filipinas y Tailandia es común que alquilen los taxis durante 24 horas en los que trabajan casi sin parar. Suelen usar gas o una combinación de gas y gasolina, más por motivos económicos que ecológicos. Los taxistas más piratas son, sin duda alguna, los de Kuala Lumpur, seguidos de Manila y Bangkok. En Camboya, Laos y Vietnam hay pocos; uno tiene que moverse en triciclo o en motocarro.

Uno aprende mucho del país hablando con taxistas. Resulta muy sencillo en Filipinas porque muchos hablan inglés -herencia de la colonización estadounidense durante casi cuatro décadas- y son extrovertidos. Los manileños pobres son pícaros, pero afables. Una vez olvidé la cartera en un taxi en Manila. A los pocos minutos recibí una llamada desde un hotel, tenían mi cartera y habían encontrado mi número en una tarjeta de visita. El taxista vino a recogerme. Me contó que había dejado la cartera en la recepción del hotel para que estuviera segura. Llevaba 2.000 pesos en la cartera, cuatro veces lo que él puede ganar en un largo día al volante. Le di 1.000 pesos (unos 15 euros) de propina por una carrera de 50.

Malas experiencias con taxistas ocurren en todos los lugares. En Filipinas, en todos los lugares públicos y muchos privados miran de forma rutinaria en la guantera para ver si llevan algún arma. Una vez le pregunté a uno. No, yo lo que tengo es una catana, me devolvió en tono jocoso.

Recuerdo muy bien, por reciente, un altercado que tuve con un taxista tailandés. Nos subimos una amiga y yo. Mi amiga se dio cuenta de que el coche tomaba una dirección más larga y se lo dijo. El otro comenzó a parlotear en tailandés. Al rato, me di cuenta de que el taxista seguía con la perorata.

-Está enfadado. Dice que él sabe muy bien el camino- explicó mi amiga.

Ya era demasiado. No sólo daba un rodeo sino que además lo hacía de malos modos. Le pedí una y dos veces que parase el vehículo. Al final se lo pedí con el "fucking" de rigor e internacionalmente homologado. El tipo dio un frenazo, salió del coche y se puso en posición de pelea. Por unos minutos nos miramos. Yo no sabía qué hacer, la verdad; tampoco iba a pelearme por un mal viaje en el taxi. Al final, intercedió mi amiga y le pagamos parte del trayecto.

El taxista se ofendió sobremanera no porque no quisiésemos continuar en el taxi sino porque había quedado en "evidencia". Los tailandeses son conocidos por su fácil sonrisa, pero ésta se torna en furia si alguien les recrimina algo directamente. Las quejas hay que dirigirlas con mano suave y diplomacia. He visto pocas peleas de tailandeses -España o UK es mucho más violenta en este sentido-, pero dicen que son temibles cuando cruzan la delgada línea y olvidan las buenas maneras.

Tailandia es el país de las sonrisas, pero también tienen un resorte de agresividad muy sensible. Hay que actuar con mano izquierda, si un tailandés siente que ha quedado en evidencia, no atenderá a razones y adoptará una postura de confrontación total.

Por suerte, la mayoría de los taxistas en Bangkok son muy honestos, aunque hablan poco inglés. En una ocasión, uno llegó a devolverme el móvil. Me libré esa vez de comprar mi enésimo teléfono.

Dictadores bíblicos

"Entonces la serpiente dijo a la mujer: '¡No, no moriréis! Antes bien, Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal'". Génesis (cap.3 ver.4)

Siempre he oído hablar de personas endiosadas, que se creen en posesión de la verdad. En el caso de responsables empresarios y dirigentes políticos, esta prepotencia intelectual puede salirnos muy cara. "Vende estas acciones", "recortemos los costes laborales" o "declaremos la guerra a aquél país". Éstas decisiones pueden condicionar que miles de personas pasen hambre o no, vivan o mueran. Me intrigan los resortes que se accionan en la mente de estas personas, que se erigen en "conocedores del bien y del mal". Yo lo más parecido que he experimentado es tener a un superior -por categoría o circunstancias- que impone su criterio sobre mi trabajo. No ya sobre cuestiones objetivas o directrices, sino sobre detalles contingentes y, por tanto, maleables como un caleidoscopio. Se impone como el dictamen cuestionable de un juez que hay que acatar pero no compartir. El que impone suele invocar principios universales y abstractos ("es lo que el público quiere") o simplemente te arrasa como las hordas de Atila. Por supuesto, ésta no es la norma, pero cuando ocurre no puedo evitar pensar en manzanas. ¿Qué es si no la manzana de Adán y Eva? La soberbia. Soberbias manzanas. Otras veces apelan a tu sentido común para que aceptes la derrota y tengas la grandeza de aceptar otro criterio sobre el tuyo. Pregunto como Sócrates (y retórico): ¿Harías tú lo mismo?. Un amigo me contestó una vez: "¡Cómo! A los dictadores no les gusta que le manden.

"Si la gente tiene otra opinión, les conmino a que deliberen hasta que se alcance un consenso. No difieras sólo por el afán de discutir incluso cuando está probado que te equivocas. Aquí no toleramos semejante actitud". (General Suharto, dictador de Indonesia 1966-1998)

jueves, 20 de agosto de 2009

Móvil al volante

En una ocasión, una señora al volante quiso evitar una multa dolosa o el pago de un soborno al policía de turno. Sabía que a la entrada del peaje de una autopista cercana a Bangkok, los agentes habían trucado el radar para ganar un dinero extra a cuenta de los conductores. La señora, al entrar en la zona de peaje, tomó una foto del cuentakilómetros con su teléfono móvil.

Al parar el coche para abonar la tarifa de la autopista, un policía le informó de que había cometido una infracción, al exceder el límite de velocidad en el área. Le conminó a acompañarlos a comisaría para arreglar el farragoso papeleo y pagar la multa o arreglarlo "in situ" por 500 bat (10 euros).

La buena conductora dijo que prefería el proceso legal, pero que el agente debía apuntar bien claro su nombre y número de placa. A continuación, le mostró la fotografía en el móvil. Los agentes descubrieron en ese momento que el radar tenía un fallo de funcionamiento.

La propia protagonista, al escribir esto en un medio de internet, meditó: "Lo que me tiene perpleja hasta hoy es: No debería haber sido multada por utilizar el móvil cuando conducía?". Moraleja. Si conduces, no utilices el móvil..., a no ser que haya policías corruptos en los alrededores.

Fallece la abuela de Fernando Alonso

Envío más sentido pésame al bicampeón de Fórmula 1 Fernando Alonso por la muerte de su abuela. Debe haber sido un tristísimo duelo para él, que le dedicó su primera victoria en los circuitos internacionales. Sin embargo, tengo que decir que pensé en que se trataba de una broma propia del Día de los Inocentes cuando leí en la prensa:

"Fallece la abuela de Fernando Alonso"

No veo del todo mal que se de la noticia, hoy día no hay problema de espacio en Internet. Lo que me llamó la atención es verla entre las noticias más visitadas. Entiendo que nadie se interese por conflictos anquilosados como el del sur de Tailandia y Filipinas, donde mueren personas casi a diario. Incluso a mí, que vivo aquí, me causan somnolencia al cabo de un tiempo. Pero me sigue chocando que la muerte de la yaya de Alonso interese más al público que los miles de acontecimientos ocurridos en tantas partes del mundo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Estudiantes como diablos

Durante mi etapa en el instituto, mis amigos y yo llegábamos a comportarnos de una manera diabólica. Rompíamos cristales, hacíamos "fallas" (nos ausentábamos de las aulas), bebíamos vino malo antes de entrar en clase e incluso alguna vez volaron mesas y sillas por la ventana. Nuestros profesores nos reprendían con más o menos severidad cuando nos cazaban "in fraganti", pero nunca se les pasó por la cabeza acusarnos de estar poseídos por espíritus maléficos. En Filipinas, la cosa es diferente. En un pueblo de la isla de Luzón, los maestros de un instituto llamaron a un sacerdote para exorcisar a 93 alumnos perturbados por obra de demonios.

Uno de los periódicos de más tirada de la nación, el Manila Bulletin, abría así la noticia: "Al menos 93 estudiantes en un instituto de Bontoc han sido poseídos por espíritus malignos, según fuentes del centro". Los docentes aseguran que los diablillos comenzaron a molestar a algunos de sus pupilos. A los pocos días, los menores comenzaron a chillar en masa y ha hacer gansadas por las clases. Fueron hospitalizados, pero al parecer los médicos no encontraron causa o enfermedad que exlicara su excéntrico comportamiento. Entonces, decidieron llevarlos a una iglesia para que fueran bendecidos. El exorcismo surtió efecto y los alumnos volvieron a sus cabales (unos más que otros).


Sin embargo, los espíritus volvieron a las andadas y volvieron a atormentar a otros estudiantes. Los profesores se saltaron esta vez las formalidades del hospital y acudieron directamene a la sacristía. También decidieron suspender las clases por si las moscas. Los mayores aseguran que el instituto está construido sobre un cementerio y que el ruido de los pupilos debe haber molestado a las almas que allí reposan. Buscando en Internet me encontré con un ritual un tanto grotesco realizado antaño (desconozco que sigue practicándose hoy día) con los familiares fallecidos. Nada más morir, los sentaban en una silla durante diez u once días para espantar a los malos espíritus. Luego eran enterrados en cuevas. Con estos ancestros, no me extraña los extravagantes comportamientos de los pupilos:


sábado, 4 de julio de 2009

Boxeo tailandés: los niños luchadores

Niños de hasta ocho años se enfrentan a daños irreversibles en el cerebro por participar en violentos combates de muay thai o boxeo tailandés, convertido en un lucrativo negocio para los sindicatos de apuestas ilegales en Tailandia.
"Según datos del Ministerio de Asuntos Sociales, hay unos 10.000 niños, y también niñas, que participan en peleas profesionales de muay thai", explicó el pediatra Adisak Pliponkarnpim, director del Centro de Investigación para la Prevención y la Seguridad de los Menores de Tailandia.
Pliponkarnpim señaló que, aunque el boxeo permite unos ingresos de unos dos euros por combate para las familias humildes de los menores, la causa principal de esta práctica se encuentra en el negocio ilegal de apuestas, que mueve ingentes cantidades de dinero.
"En el centro hemos iniciado un proyecto para estudiar los efectos que tienen en los niños los golpes en la cabeza. Tememos que en el futuro puedan sufrir daños irreversibles como parkinson, alzheimer y disfunciones en los oídos y la vista", lamentó el doctor.
Algunos luchadores menores desarrollan prematuramente el "síndrome del puñetazo borracho", que les impide hablar de una forma fluida y clara.
El pasado jueves, un grupo de investigación del Centro de Menores se desplazó a la ciudad de Pattaya, situada a unos 150 kilómetros al sur de Bangkok, para presenciar un combate organizado por Fairtex, una conocida empresa dedicada a la promoción del boxeo tailandés.
En el programa estaban incluidos los combates de seis niños y dos niñas de entre 10 y 15 años con un peso que oscilaba entre los 23 y los 28 kilogramos y medio.
Khundach Sitkhuhnui tiene sólo 12 años, pero ya acumula una carrera de cinco años como profesional de muay thai.
"Vamos a ganar, mi hijo es un verdadero campeón", dijo su orgulloso padre, mientras levanta los delgados brazos del pequeño, quien mira serio e impasible a los turistas que le fotos.
Una vez en el cuadrilátero, el tímido muchacho se convierte en un luchador temerario y encadena sin cesar puñetazos en el rostro y severas patadas en las costillas del adversario.
Tras tres asaltos frenéticos, Sitkhuhnui gana el combate por puntos para la alegría de sus entrenadores y familiares, que no habían dejado de jalear en todo momento.
Su beneficio, unos dos euros, es insignificante comparado por las apuestas realizadas de forma abierta por la mayoría del público tailandés.
Un grupo de turistas, algunos de ellos luchadores de muay thai, sonríen ante la furia de los niños luchadores.
Otros parecen incómodos ante el espectáculo, sobre todo en el momento en que los jueces tienen que llevarse en volandas a unas de las niñas luchadoras porque ha caído desfallecida en el combate.
El muay thai o boxeo tailandés es conocido también como "el arte de las ocho extremidades", ya que se utilizan los puños, las rodillas, los codos y las piernas como armas.
Su origen se encuentra en las continuas guerras que mantuvo Tailandia con los reinos vecinos de Camboya y Birmania durante el siglo XII, en las que los soldados perfeccionaron el manejo de las lanzas y las espadas, así como el empleo del cuerpo como un arma letal.
"No se trata de prohibir el muay thai, ya que forma parte de la cultura tailandesa, sino de impedir que los menores de 18 años participen en los combates, tal como está regulado en la mayoría de los países occidentales", apostilló el doctor Pliponkarnpim.
La legislación tailandesa prohíbe a los menores de edad realizar trabajos peligrosos, lo que incluye los combates de muay thai, pero la normativa se incumple sistemáticamente con el consentimiento de las autoridades.
"Las leyes no sirven de nada si no convencemos a la sociedad de que los niños no deben participar en los combates", afirmó Pliponkarnpim, quien subrayó que "la pobreza no es una excusa, ya que en Tailandia nadie pasa hambre".
Los combates infantiles de muay thai se remontan a unos 40 años, por lo que no forman parte de la tradición tailandesa.



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Espadas fálicas y máscaras para recibir a Buda


Los espíritus han salido a recibir a Buda. Disfrazados con máscaras pintorescas y espadas fálicas, los vecinos de la ciudad tailandesa de Dan Sai han celebrado el Phi Ta Khon, festival que aúna elementos del animismo y el budismo.
Las calles de esta localidad, situada en el extremo noroeste del país, suelen estar vacías, pero el pasado fin de semana una turba de tailand
eses y algunos turistas se concentraron en este remoto lugar para participar en una orgía de color, baile y música.



Espíritu blande su espada-pene

"Durante la festividad del Phi Ta Khon celebramos la visita a su pueblo natal del príncipe Vessandara, la última reencarnación de Buda antes de alcanzar el Nirvana, al que fueron a recibir los espíritus y las tribus del bosque", explicó Tawor Chouboonmee, el padrino de los rituales.
Se desconoce el signific
ado preciso de "Phi Ta Khon", aunque algunos apuntan que podría traducirse como "los fantasmas que siguen al hombre".
Al son de música tradicional, los espíritus o phi ta khon men
ores bailan en una procesión encabezada por los phi ta khon mayores, dos gigantes cabezudos pertrechados con exagerados órganos sexuales.
Uno de los pasatiempos favoritos del gigante macho es poner eréctil su pene y embestir a las mujeres y muchachas distraídas, para el regocijo de la muchedumbre.
Incluso los menores disfrutan ante los bailes de los espíritus, con amplias sonrisas de diablo dibujadas en las máscaras y campanas de becerro que tintinean al bailar.


Máscara de espiritu simio o "king kong"

"Las espadas fálicas y los penes que esgrimen los phi ta kon menores simbolizan la fertilidad y también dan un toque de humor a esta celebración", explicó Chouboonmee, quien lleva 23 años como maestro de ceremonias.

Las máscaras de los espíritus menores son fabricadas con cestos de bambú y madera de cocotero.
La fealdad se vuelve grotesca en las máscaras de los espíritus simiescos, conocidos como "king kong", en los que se exageran largos cabellos de estopa y grandes colmillos deformados.
Dos ciudadanos británicos se han unido al grupo de los "taung baung", que representan a las
tribus del bosque que también fueron a recibir a Buda.



Máscara de espiritu simio o "king kong"

"Íbamos por la calle cuando nos invitaron a unirnos, nos quitamos las camisetas y nos pintamos con pintura negra", relató Alistair, un estadounidense de 25 años, mientras rechaza amablemente un trago de licor de arroz.
La comida, la cerveza y el licor de arroz son abundantes durante las celebraciones, aunque la mayoría de los locales aguantan el tipo sin llegar a embriagarse.
La festividad del Phi Ta Khon conserva sus ra
íces paganas, según las cuales los aldeanos adoran a los espíritus en el sexto mes lunar y piden la llegada de la lluvia propicia para los cultivos.
En la madrugada del primer día, un sacerdote o chamán reza acompañado por músicos a la orilla del río para invocar a Phra Upakhut, un espíritu del agua protector de la aldea.
Según la leyenda, Phra Upakhut era un monje que tras muchos años de meditación adquirió el don de la eternidad y decidió convertirse en una piedra de mármol para vivir solitaria y plácidamente en el fondo del río.

Tras varios actos en honor del padrino y de desfiles, al tercer día los locales escucharon los trece sermones que relatan las diferentes vidas de Buda antes de alcanzar el Nirvana.


Monjes budistas desfilan ante tótem con espíritus tallados

"Vivo fuera de Dan Sai por mi trabajo, pero todos los años vuelvo para celebrar el Phi Ta Khon, creo que es muy importante para mantener los lazos con mis vecinos y quiero que mi hija también siga la tradición", afirmó Vissano Netphong, de 26 años.
Antiguamente, solían tirar las máscaras al río al finalizar el festival para conjurar la mala suerte, pero esta práctica cayó en desuso cuando un avispado aldeano comprobó que podía sacar algún dinero con su venta.

viernes, 19 de junio de 2009

Triste cumpleaños para la dama de Ragún

Hoy Aung San Suu Kyi cumplió 64 años. En los últimas dos décadas, esta mujer de aspecto frágil pero de carácter decidido ha liderado la oposición democrática en Birmania y cuenta en su vitrina (bueno, no sé si lo tiene allí o si ni siquiera lo posee físicamente) con un flamante Premio Nobel de la Paz. Pero no es libre. Ha pasado 14 años bajo arresto domiciliario por pedir reformas a la Junta Militar que gobierna su país desde 1962.



Aunque con poca convicción, me he unido a una campaña en Facebook para pedir la liberación de Suu Kyi, quien ahora se encuentra inmersa en un kafkiano proceso por un delito de subversión. Las autoridades birmanas la acusan de violar presuntamente la orden de arresto domiciliario cuando el pasado mayo permitió a un ciudadano estadounidense pasar dos días en su residencia. ¡Qué casualidad que este proceso ocurra sólo unos días cuando expiraba la orden de detención en su vivienda!

Brad Pitt, Robert de Niro, Charles Bronson (éste no, pero me gustaría), Steven Spielberg y el mismísimo primer ministro británico se han unido a esta campaña en Facebook. Es curioso. Si la mayoría de los seres humanos solemos apoyar estas causas justas, ¿por qué en cambio hay tanta iniquidad en el mundo? Yo le cogí cariño a Suu Kyi después de leer su biografía. Me gustó porque exhibía sus virtudes y algunos, no muchos, de sus defectos. Se me apareció como una mujer decidida, que ha sabido estar a la altura de la historia.

Hija del héroe nacional Aung San, la Nobel de la Paz pasó varios años en el extranjero antes de terminar en la Universidad de Oxford. Allí se casó con un farang (extranjero) llamado Michael Aris, con quien tuvo dos hijos en 1973 y 1977. Estos pobres muchahos, ya no tan jóvenes, no han visto a su madre en años y tampoco se les puede considerar unos privilegiados.

En 1988, Suu Kyi volvió a Birmania para cuidar a su madre. Este año se produjo la sangrienta represión de las primeras manifestacionea a favor de la democratización del país en dos décadas. Desde entonces, el destino de Suu Kyi ha estado ligado a este movimiento.

La Junta Militar la puso bajo arresto domiciliario, pero ello no fue suficiente para que su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), ganara las elecciones de 1990 por una mayoría del 82 por ciento de los votos, un resultado que los militares jamás aceptaron. Desde entonces, ha pasado casi todo su tiempo confinada en su vivienda, sin teléfono ni otros medios de comunicación con el exterior; con la sola compañía de dos señoras mayores.

Sin embargo, la dama, como la llaman los birmanos para evitar las represalias del régimen, sigue liderando las esperanzas de miles de sus compatriotas.

"Por favor, utilizad vuestra libertad para promover la nuestra", dijo Suu Kyi en un discurso. Sí, ¿pero cómo?

En mi opinión, la pieza más díscola en este puzzle es el problema étnico. Algunas guerrillas, como los wa, están estrechamente ligados al narcotráfico y otras, como los karen, llevan combatiendo al Ejercito birmano desde 1948. La reconciliación que anhela Suu Kyi no parece que vaya a ser plato fácil, incluso si algún día los generales hacen mutis por el foro.

Esto último no es tan peregrino, aunque no creo que ocurra porque China deje de repaldar al régimen a cambio de sus recursos de gas y piedras preciosas ni porque los birmanos lo consigan mediante un alzamiento popular. Mas bien serán los propios generales, lunáticos obsesionados por la astrología y la magia esotérica, los que terminarán jodiendo el invento.

Dicen que el jefe de la Junta Militar, el general Than Shwe, está acongojado por el derrumbe de un templo budista. Mal presagio (o bueno).

jueves, 18 de junio de 2009

De visita en la prisión de Bangkok

El fotoperiodista Kevin Carter se suicidó en 1994, un año después de ganar el premio Pulitzer de fotografía por la conocida imagen de la niña sudanesa postrada unos metros delante de un buitre. Carter tuvo la muerte dulce, la producida por dióxido de carbono. Uno se va quedando dormido y el gas termina ahogándolo. En la nota de despedida, el fotógrafo decía que le acosaban las deudas y que veía imágenes de niños hambrientos y cadáveres.



Aparte de los escrúpulos morales ante la intencionalidad de la famosa fotografía, su muerte abrió el debate sobre la responsabilidad del periodista. ¿Debemos ser meros observadores de los hechos que presenciamos o debemos intervenir para cambiarlos, en caso de que se trate de injusticias?

El pasado lunes acompañé a un grupo de voluntarias a la prisión Klong Prem de Bangkok, donde semanalmente realizan visitas a varios reclusos peruanos y colombianos. El grupo estaba compuesto por tres francesas y una portuguesa, esposas de expatriados en Tailandia, y una peruana residente en Suiza que se encuentra en Bangkok para recibir un tratamiento médico. Todas hablan español.

Resultó sorprendentemente fácil entrar en la cárcel y visitar a los presos. Sólo tienes que entregar una fotocopia de tu pasaporte y apuntar el nombre del recluso que quieres visitar. Las cárceles tailandesas están superpobladas, con más de 60 reclusos en celdas de 30 metros cuadrados. El régimen alimentario se limita a un poco de arroz y sopa de pescado. La asistencia médica es nimia. Si no recibes ayuda exterior, la vida carcelaria es casi un suicidio.

La mayor parte de los colombianos está presa por delitos de robo, con penas que oscilan entre los tres y los cinco años; mientras que casi todos los peruanos, incluidas cuatro mujeres, son mulas utilizados por los narcotraficantes para transportar cocaína. Ninguno de ellos recibe apenas visitas ni ayuda del exterior. Los peruanos condenados por droga están más desamparados; los que roban suelen tener la complicidad de las bandas, su respaldo tras las torres vigía y en la vida criminal.

Su alegría es manifiesta cuando ven al grupo de voluntarias, son sus ángeles custodios. Les compran comida y otros artículos de primera necesidad. Pero lo más importante es que pueden conversar con ellas, les cuentan sus muchas penas y pocas alegrías. Han llegado a trabar una relación especial a través de confidencias. Anne, quien comenzó estas visitas a la cárcel hace dos años, llegó a compartir una hora con uno de ellos en una habitación a solas.

Juan Carlos, un preso colombiano, le ha contado un sinfín de anécdotas de la cárcel. Como el "Día de las Reinas", en el que los funcionarios permiten la entrada de los transexuales en la sección de hombres para que puedan mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.

Yo estuve conversando con Elisabeth, una mujer peruana condenada a 12 años por intentar introducir en Tailandia un kilogramo de cocaína que transportaba en su estómago. Me dijo que no necesitaba nada sino saber que sus hijos están bien en Perú. Un cristal nos separaba a los visitantes de los presos. Su voz apenas se escuchaba a través de la rendija, la mayor parte del tiempo ahogada por la cacofonía que creaban las otras conversaciones en la alargada sala. "No necesito nada", me dijo.

Carlos Jesús, otro peruano, me pareció simpático, pero recelo de su astucia. Me aseguraba que fue víctima de una trampa. Que le metieron la droga en la maleta. "Hermano, ayúdame a escribirle una carta al rey para que me rebaje la pena. Que me han caído 14 años por declararme inocente. ¿Lo puedes creer? Si me hubiera declarado culpable me hubiera caído la mitad de años". Le prometí que le enviaría un libro de Vargas Llosa. "La fiesta del Chivo", creo que le gustará.

Finalmente, visité a Sydney, un peruano condenado por tráfico de drogas. Se encuentra en el hospital porque padece un cáncer de huesos. "No tengo los diez dólares que cuesta el tratamiento. Son diez dólares por semana". Me contó que andaba sin camiseta. La que llevaba se la habían prestado para aparecer decente en la entrevista. En la tienda de la prisión, le compré tres camisetas, unas chanclas y un postre elaborado con arroz y mango.

¿Acabó esta historia para mi cuando publiqué la historia? Casi. Todavía tengo que enviarles los libros que prometí. Pronto no serán más que otra de mis notas guardadas en mi ordenador bajo el nombre de "prisioneros latinos en Bangkok".